El pasado sábado 29 de agosto se llevó a cabo el Retiro Pedro Arrupe, en espacio para detenernos, hacer silencio y escuchar la voz silenciosa del Señor que siempre quiere comunicarnos y darnos todo su amor y su gracia. Como cada mes, el Centro Ignaciano de Reflexión y Espiritualidad (CIRE), por medio de la Comunidad de Acompañantes Espirituales (CAE) de la Red Juvenil Ignaciana (RJI) nos invitaron a adentrarnos en el conocimiento interno del Señor Jesús, que por nosotros se ha hecho hombre, para que más le amemos y le sigamos.
El título del retiro de este mes fue “Señor, muéstrame tu rostro” y toda nuestra materia de oración estuvo inspirada en el evangelio de Marcos 5, 21-34, donde una mujer con hemorragías de sangre y, por lo tanto, considerada impura, que había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y había gastado todos sus bienes sin un resultado favorable; que ha vivido el dolor, ha buscado respuestas y, como había oído hablar de Jesús, ella va a su encuentro, buscando la salud y la sanación.
La meditación nos fue llevando por diversos momentos. En un primer tiempo oramos nuestras soledades, el aislamiento y la exclusión que todos y todas sufrimos alguna vez, como la mujer con flujos de sangre. Posteriormente, como la hemorroísa, profundizamos en la esperanza pues esta mujer que solo había oído hablar sobre Jesús, con un propósito muy claro en su mente, se acerca entre la multitud y toca el borde de su manto, ya que piensa: “Con solo tocar su manto, quedaré curada”; esta mujer que había luchado con su enfermedad por doce años tiene fe en Jesús de Nazaret. Sólo bastó ese pequeño acto de fe, ella lo busca Jesús y él sale a su encuentro. El último punto de la meditación fue el encuentro con el otro pues la mujer dio el primer paso de buscar, pero Jesús no se quedó inmóvil; él se detiene y pregunta: «¿Quién me ha tocado?» La busca entre la multitud y la mujer asustada se arrodilla a sus pies y le confiesa toda la verdad; él la mira; no la rechaza; antes le dice: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y quedas curada de tu enfermedad”.
Nuestra mañana de oración finalizó con la Eucaristía presidida por el P. Nilson Castro, SJ que nos ayudó a hacer una síntesis de lo vivido, compartir las mociones y ofrecer nuestras vidas en el altar, junto con el pan y el vino, para ser transformados enteramente, por la gracia de Cristo, en ofrenda de amor para gloria de Dios y el servicio de los hermanos. Damos gracias a Dios por cada una de las personas que hicieron parte de este encuentro y por la oportunidad de seguir caminando juntos como comunidad. Que la experiencia vivida durante este retiro siga dando frutos abundantes de amor auténtico y servicio fecundo para todos en todo tiempo y momento.